La Biblioteca Mayor de Córdoba cumplió 190 años el mes pasado y ya se ha constituido en el espacio de encuentro de los jóvenes a la hora de estudiar y leer. Hoy por hoy, tiene un promedio diario de 200 usuarios, no sólo pertenecientes al ámbito universitario, sino que también es visitada por profesionales, legisladores, periodistas y funcionarios que concurren tanto al Centro de Documentación como a su Sala de Lectura.
Esta institución nació a comienzos del siglo XVII cuando los padres de la Compañía de Jesús fundaron el Colegio Máximo que contaba con una gran biblioteca conocida como “Librería Grande o Mayor”.
Con unos pocos tomos empieza a funcionar la Biblioteca de la Universidad en el año 1813, pero sus servicios se restringen a un reducido número de eruditos.
Será recién el 26 de setiembre de 1818 cuando el entonces Gobernador Intendente de Córdoba, don Manuel Antonio de Castro crea la Biblioteca Mayor sobre la base de la Antigua Librería Jesuítica, en una de las salas del Colegio Monserrat.
Esta biblioteca guardaba entre sus tesoros las obras de Santo Tomás de Aquino, San Agustín y el Padre Francisco Suárez junto a piezas de Aristóteles y Renato Descartes. También contaba con ejemplares San Ignacio de Loyola y destacadas obras científicas como los cinco tomos de “Matemática Universal” de Hohann Cristian Wolf ó la “Opúscula Patológica” de Haller así como las enseñanzas de leyes morales en guaraní.
Además de poseer obras que datan de tiempos remotos, la Librería Grande se caracterizaba por un elevado nivel de organización que se mantuvo hasta estos días y en la actualidad nos permite acceder a grandes trozos de nuestro acervo cultural.
La Librería Grande empezó a desintegrarse a partir de la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona de España.
Una parte del legado jesuítico fue remitida a Buenos Aires para fundar la Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional) por decreto de la Junta de 1810 y recién en octubre de 1812 podría retornar a la Universidad Nacional.
Asimismo, a fines de 1999, el entonces Presidente de la Nación, Carlos Menem firma el Decreto Nº 1.376/99 por medio del cual ordena la devolución de los volúmenes que estaban en Buenos Aires con lo que se pudo recuperar los tomos que conformaban el fondo bibliográfico original de la Librería Jesuítica.
Asimismo, a fines de 1999, el entonces Presidente de la Nación, Carlos Menem firma el Decreto Nº 1.376/99 por medio del cual ordena la devolución de los volúmenes que estaban en Buenos Aires con lo que se pudo recuperar los tomos que conformaban el fondo bibliográfico original de la Librería Jesuítica.
Con el correr de los años la biblioteca se irá enriqueciendo gracias a las donaciones y el ingreso a la era de las nuevas tecnologías que le permitirá responder a las consultas más variadas por parte de estudiantes y profesionales de toda la provincia. Al mismo tiempo, se convirtió en la primera biblioteca del país que certificó su Sistema de Calidad con normas ISO 9001:2000 en el año 2005.
Entre otras cosas, la biblioteca trabajó en forma conjunta con el diario La Voz del Interior para realizar la microfilmación de la colección que ésta posee del periódico desde su comienzo allá por el año 1904 hasta nuestros días, con la finalidad de facilitar la consulta y preservarlo para las próximas generaciones.
Actualmente posee una colección que es valiosísima por donde se la mire. Entre las obras se destacan “La practica universale in cirugía” del médico italiano y cirujano Giovanni Di Vigo que se imprimió en Venecia en el año 1669 y “Opúscula patológica” del botánico Albrecht Von Haller cuya impresión data de 1755.
Es digno de destacar que la biblioteca posee la más importante colección de “incunables” en el país. El vocablo incunable proviene del latín incunabula que significa literalmente “en la cuna”. Por ello, se llama incunables a los libros impresos en la época del surgimiento de la imprenta, alrededor del año 1400 prolongándose hasta principios del 1500. La Mayor tiene en su posesión 29 incunables, los cuales son verdaderos tesoros bibliográficos por su rareza y significación.
Los incunables se caracterizan por el uso de las tradicionales abreviaturas de los códices, la decoración de la primera palabra a cargo de miniaturistas así como las iniciales realizadas en colores. Estas características permiten determinar la edad aproximada del papel, el fabricante, el lugar de manufactura, y hasta descubrir si algún incunable ha sido falsificado.
Esta colección siempre fue cuidada con especial esmero hasta que en los 90 el personal de la biblioteca empieza a capacitarse en el área de conservación y se adoptan los tratamientos y técnicas para la preservación de las colecciones a través de la limpieza minuciosa, el monitoreo de temperatura y humedad, la confección de cajas apropiadas para la conservación de los volúmenes, entre otras cosas.
Es posible observar cómo los avances tecnológicos se fueron incorporando a la Biblioteca Mayor de las formas más variadas para potenciar su capacidad de prestar servicios a la comunidad. Ello lleva a pensar que las bibliotecas no van a desaparecer como vaticinan algunos expertos.
La biblioteca no es un mero espacio para conseguir algún libro caro o un periódico antiguo. La biblioteca es hoy un espacio de encuentro, de socialización, más allá de que haya que hablar bajito para no molestar al que estudia al lado.
La globalización nos lleva a buscar espacios que nos acerquen a los demás dado que la intermediación de las tecnologías nos aleja del diálogo cara a cara. Solemos chatear por horas en vez de sentarnos a tomar un café en algún bar. La biblioteca nos permite sentarnos a charlar, aunque sea por un instante, y sentir la calidez del contacto interpersonal.
Esta colección siempre fue cuidada con especial esmero hasta que en los 90 el personal de la biblioteca empieza a capacitarse en el área de conservación y se adoptan los tratamientos y técnicas para la preservación de las colecciones a través de la limpieza minuciosa, el monitoreo de temperatura y humedad, la confección de cajas apropiadas para la conservación de los volúmenes, entre otras cosas.
Es posible observar cómo los avances tecnológicos se fueron incorporando a la Biblioteca Mayor de las formas más variadas para potenciar su capacidad de prestar servicios a la comunidad. Ello lleva a pensar que las bibliotecas no van a desaparecer como vaticinan algunos expertos.
La biblioteca no es un mero espacio para conseguir algún libro caro o un periódico antiguo. La biblioteca es hoy un espacio de encuentro, de socialización, más allá de que haya que hablar bajito para no molestar al que estudia al lado.
La globalización nos lleva a buscar espacios que nos acerquen a los demás dado que la intermediación de las tecnologías nos aleja del diálogo cara a cara. Solemos chatear por horas en vez de sentarnos a tomar un café en algún bar. La biblioteca nos permite sentarnos a charlar, aunque sea por un instante, y sentir la calidez del contacto interpersonal.
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