jueves, 18 de septiembre de 2008

El Perro Fernando: símbolo de la ciudad de Resistencia

Si alguna vez visitan la ciudad de Resistencia, van a encontrarse con un símbolo de lo más peculiar. Se trata del “Perro Fernando”, un tierno animalito con un agudo oído musical que recorrió las calles de dicha ciudad en los años 50´ y que actualmente cuenta con tres esculturas hechas en su honor.

Al ingresar a la ciudad, uno se encuentra con el cartel de bienvenida que despeja toda duda acerca de la importancia que tuvo Fernando en la cultura popular del Chaco. Así reza el cartel: “Bienvenido a Resistencia, ciudad de Fernando”.

Su vida sirvió de inspiración para canciones y versos, tal el caso de la canción “Callejero” de Alberto Cortez y del cuento de navidad que Mempo Giardinelli escribió rememorando su historia.

En común decir que tal o cual persona lleva una vida de perros cuando se observa que no le va bien y vive precariamente. Pero, en este caso, podría decirse que la vida de perros es todo un lujo.

Fernando no se pareció en nada a la famosa Jazmín de Susana Jiménez o al bonachón de Beethoven. Fernando no tenía pedigree, tan sólo era un cuzquito blanco y, como bien lo indica la canción de Cortez, era “callejero por derecho propio”.

Lo cierto es que este perro se hizo conocido por una particularidad que lo caracterizaba: su oído musical. Parece broma que un animal posea una cualidad con tanta clase, pero efectivamente así lo era.


Un músico conocido como Fernando Ortíz recuerda que conoció al can allá por el año 1951 en el Bar “Los Bancos”, frente a la plaza de la ciudad. El perro lo siguió hasta el Hotel Colón donde este vivía y se quedó con él. Lo acompañaba a las presentaciones de la orquesta en la que cantaba y se sentaba bajo el piano. Ortiz señala que en una oportunidad se encontraba en una reunión de artistas y que los músicos y mozos decidieron ponerle su nombre al perro que fielmente lo seguía a todos lados.

De acuerdo a lo dicho por Giardinelli en su cuento, existe otra versión acerca del origen del nombre del perrito que plantea que al nombre Fernando se lo atribuyeron en honor al patrono departamental: San Fernando. No obstante, la mayoría de las versiones sobre su vida se inclinan por el nombre del cantante.

Este tierno vagabundo se acostumbró a la buena música y cultivó su oído, que con el tiempo sería temido por los artistas. Es más, la crítica solía depender de cuál había sido la reacción de Fernando durante el espectáculo.

Fernando se adueñó de las calles y empezó a deambular por las fiestas que tenían lugar en la capital chaqueña. Con total tranquilidad, ingresaba y se situaba a los pies de los artistas o debajo de algún instrumento como ser el piano. Disfrutaba de conciertos y fiestas por igual, más cuando algún artista se equivocaba, no dudaba en reprenderlo con un ladrido.

Una anécdota muy conocida señala que en la presentación del pianista polaco Ignace Paderewsky en el Cine Teatro Sep, el perro se sentó debajo del piano como acostumbraba a hacer. El show transcurrió con normalidad hasta que Fernando gruñó en la sonata de Beethoven. El pianista siguió como si nada hubiera ocurrido, pero promediando el final del concierto, el perro soltó otro gruñido. En ese momento, el artista se levantó y admitió que se había equivocado dos veces.

En la página http://www.chaco.com.ar/ relatan como era un día en la vida de Fernando. El perrito dormía en la entrada del Hotel Colón donde vivía Ortiz y al sentir el calorcito del amanecer partía hacia el Banco Nación a visitar al gerente. Se dice que este le dispensaba un trato digno de un rey dado que el can desayunaba café con medialunas.

Durante el día visitaba el Bar “La estrella”, la confitería “Sorocabana” y el “Madrileño” en los que comía hasta cansarse. Correteaba por las plazas y disfrutaba las siestas en lo del Dr. Reggiardo. Por las noches deambulaba por toda fiesta que hubiera en la ciudad. Se echaba siempre acurrucado cerca de los artistas y disfrutaba de la música. Cuando las melodías no eran de su agrado se retiraba solemnemente y la gente lo seguía. Era todo un referente en materia musical.


Un claro ejemplo del afecto que se le dispensaba es lo que ocurrió, de acuerdo al relato Ortiz, cuando lo hirieron en el Bar Japonés con un cuchillo y se le infectó la herida. Hubo que llevarlo con el Dr. Reggiardo. El doctor lo intervino y fue llevado al Club Progreso para su recuperación. Lo llamativo es que el club tuvo que poner dos teléfonos a disposición para atender todos los llamados de la gente que quería saber como estaba Fernando.

Murió el 28 de Mayo de 1963 y sus restos fueron enterrados en la vereda del museo conocido como Fogón de los arrieros. La ciudad se vio revolucionada. Según la página Web de Chaco, ese día algunos negocios cerraron sus puertas y la Banda Municipal interpretó marchas fúnebres.

Tiempo después se inauguraría la escultura de bronce que en su honor hizo Víctor Marchese frente a la Casa de Gobierno Provincial (en la esquina de la Avenida 25 de Mayo y la calle Bartolomé Mitre) en un acto del que hasta el propio gobernador de la Provincia formó parte.

Otra de las esculturas que lo homenajea se halla resguardando su lugar de descanso eterno en vereda del “Fogón de los arrieros” a la altura del 350 de la calle Brown. Un tierno epitafio describe sencillamente su paso por Resistencia: “A Fernando, un perrito blanco que, errando por las calles de la ciudad, despertó en infinidad de corazones un hermoso sentimiento”.

Finalmente, la última escultura está escondida bajo un manto de chibatos en la avenida Avalos, cerca del Club de Regatas, según nos cuenta Giardinelli.

Así es como Fernando pasó a formar parte de la historia de Resistencia, escribiendo en los corazones de los chaqueños una página de amistad que difícilmente olvidarán.


FUENTES:
http://www.mr.gov.ar/
http://www.chaco.com.ar/
www.wikipedia.org
Guía de Turismo de Chaco
www.diarionorte.com.ar

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