sábado, 20 de septiembre de 2008

Una Biblioteca Mayor de edad

La Biblioteca Mayor de Córdoba cumplió 190 años el mes pasado y ya se ha constituido en el espacio de encuentro de los jóvenes a la hora de estudiar y leer. Hoy por hoy, tiene un promedio diario de 200 usuarios, no sólo pertenecientes al ámbito universitario, sino que también es visitada por profesionales, legisladores, periodistas y funcionarios que concurren tanto al Centro de Documentación como a su Sala de Lectura.

Cabe señalar que la Mayor tiene un fondo documental compuesto por 120 mil volúmenes entre libros y folletos y cuenta con una de las más importantes colecciones de periódicos nacionales y locales, algunos de los cuales datan del siglo XIX.

Esta institución nació a comienzos del siglo XVII cuando los padres de la Compañía de Jesús fundaron el Colegio Máximo que contaba con una gran biblioteca conocida como “Librería Grande o Mayor”.
Con unos pocos tomos empieza a funcionar la Biblioteca de la Universidad en el año 1813, pero sus servicios se restringen a un reducido número de eruditos.

Será recién el 26 de setiembre de 1818 cuando el entonces Gobernador Intendente de Córdoba, don Manuel Antonio de Castro crea la Biblioteca Mayor sobre la base de la Antigua Librería Jesuítica, en una de las salas del Colegio Monserrat.

Esta biblioteca guardaba entre sus tesoros las obras de Santo Tomás de Aquino, San Agustín y el Padre Francisco Suárez junto a piezas de Aristóteles y Renato Descartes. También contaba con ejemplares San Ignacio de Loyola y destacadas obras científicas como los cinco tomos de “Matemática Universal” de Hohann Cristian Wolf ó la “Opúscula Patológica” de Haller así como las enseñanzas de leyes morales en guaraní.

Además de poseer obras que datan de tiempos remotos, la Librería Grande se caracterizaba por un elevado nivel de organización que se mantuvo hasta estos días y en la actualidad nos permite acceder a grandes trozos de nuestro acervo cultural.

La Librería Grande empezó a desintegrarse a partir de la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona de España.
Una parte del legado jesuítico fue remitida a Buenos Aires para fundar la Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional) por decreto de la Junta de 1810 y recién en octubre de 1812 podría retornar a la Universidad Nacional.

Asimismo, a fines de 1999, el entonces Presidente de la Nación, Carlos Menem firma el Decreto Nº 1.376/99 por medio del cual ordena la devolución de los volúmenes que estaban en Buenos Aires con lo que se pudo recuperar los tomos que conformaban el fondo bibliográfico original de la Librería Jesuítica.
Con el correr de los años la biblioteca se irá enriqueciendo gracias a las donaciones y el ingreso a la era de las nuevas tecnologías que le permitirá responder a las consultas más variadas por parte de estudiantes y profesionales de toda la provincia. Al mismo tiempo, se convirtió en la primera biblioteca del país que certificó su Sistema de Calidad con normas ISO 9001:2000 en el año 2005.

Entre otras cosas, la biblioteca trabajó en forma conjunta con el diario La Voz del Interior para realizar la microfilmación de la colección que ésta posee del periódico desde su comienzo allá por el año 1904 hasta nuestros días, con la finalidad de facilitar la consulta y preservarlo para las próximas generaciones.

Actualmente posee una colección que es valiosísima por donde se la mire. Entre las obras se destacan “La practica universale in cirugía” del médico italiano y cirujano Giovanni Di Vigo que se imprimió en Venecia en el año 1669 y “Opúscula patológica” del botánico Albrecht Von Haller cuya impresión data de 1755.

Es digno de destacar que la biblioteca posee la más importante colección de “incunables” en el país. El vocablo incunable proviene del latín incunabula que significa literalmente “en la cuna”. Por ello, se llama incunables a los libros impresos en la época del surgimiento de la imprenta, alrededor del año 1400 prolongándose hasta principios del 1500. La Mayor tiene en su posesión 29 incunables, los cuales son verdaderos tesoros bibliográficos por su rareza y significación.

Los incunables se caracterizan por el uso de las tradicionales abreviaturas de los códices, la decoración de la primera palabra a cargo de miniaturistas así como las iniciales realizadas en colores. Estas características permiten determinar la edad aproximada del papel, el fabricante, el lugar de manufactura, y hasta descubrir si algún incunable ha sido falsificado.

Esta colección siempre fue cuidada con especial esmero hasta que en los 90 el personal de la biblioteca empieza a capacitarse en el área de conservación y se adoptan los tratamientos y técnicas para la preservación de las colecciones a través de la limpieza minuciosa, el monitoreo de temperatura y humedad, la confección de cajas apropiadas para la conservación de los volúmenes, entre otras cosas.

Es posible observar cómo los avances tecnológicos se fueron incorporando a la Biblioteca Mayor de las formas más variadas para potenciar su capacidad de prestar servicios a la comunidad. Ello lleva a pensar que las bibliotecas no van a desaparecer como vaticinan algunos expertos.

La biblioteca no es un mero espacio para conseguir algún libro caro o un periódico antiguo. La biblioteca es hoy un espacio de encuentro, de socialización, más allá de que haya que hablar bajito para no molestar al que estudia al lado.

La globalización nos lleva a buscar espacios que nos acerquen a los demás dado que la intermediación de las tecnologías nos aleja del diálogo cara a cara. Solemos chatear por horas en vez de sentarnos a tomar un café en algún bar. La biblioteca nos permite sentarnos a charlar, aunque sea por un instante, y sentir la calidez del contacto interpersonal.
Fuente:

jueves, 18 de septiembre de 2008

El Perro Fernando: símbolo de la ciudad de Resistencia

Si alguna vez visitan la ciudad de Resistencia, van a encontrarse con un símbolo de lo más peculiar. Se trata del “Perro Fernando”, un tierno animalito con un agudo oído musical que recorrió las calles de dicha ciudad en los años 50´ y que actualmente cuenta con tres esculturas hechas en su honor.

Al ingresar a la ciudad, uno se encuentra con el cartel de bienvenida que despeja toda duda acerca de la importancia que tuvo Fernando en la cultura popular del Chaco. Así reza el cartel: “Bienvenido a Resistencia, ciudad de Fernando”.

Su vida sirvió de inspiración para canciones y versos, tal el caso de la canción “Callejero” de Alberto Cortez y del cuento de navidad que Mempo Giardinelli escribió rememorando su historia.

En común decir que tal o cual persona lleva una vida de perros cuando se observa que no le va bien y vive precariamente. Pero, en este caso, podría decirse que la vida de perros es todo un lujo.

Fernando no se pareció en nada a la famosa Jazmín de Susana Jiménez o al bonachón de Beethoven. Fernando no tenía pedigree, tan sólo era un cuzquito blanco y, como bien lo indica la canción de Cortez, era “callejero por derecho propio”.

Lo cierto es que este perro se hizo conocido por una particularidad que lo caracterizaba: su oído musical. Parece broma que un animal posea una cualidad con tanta clase, pero efectivamente así lo era.


Un músico conocido como Fernando Ortíz recuerda que conoció al can allá por el año 1951 en el Bar “Los Bancos”, frente a la plaza de la ciudad. El perro lo siguió hasta el Hotel Colón donde este vivía y se quedó con él. Lo acompañaba a las presentaciones de la orquesta en la que cantaba y se sentaba bajo el piano. Ortiz señala que en una oportunidad se encontraba en una reunión de artistas y que los músicos y mozos decidieron ponerle su nombre al perro que fielmente lo seguía a todos lados.

De acuerdo a lo dicho por Giardinelli en su cuento, existe otra versión acerca del origen del nombre del perrito que plantea que al nombre Fernando se lo atribuyeron en honor al patrono departamental: San Fernando. No obstante, la mayoría de las versiones sobre su vida se inclinan por el nombre del cantante.

Este tierno vagabundo se acostumbró a la buena música y cultivó su oído, que con el tiempo sería temido por los artistas. Es más, la crítica solía depender de cuál había sido la reacción de Fernando durante el espectáculo.

Fernando se adueñó de las calles y empezó a deambular por las fiestas que tenían lugar en la capital chaqueña. Con total tranquilidad, ingresaba y se situaba a los pies de los artistas o debajo de algún instrumento como ser el piano. Disfrutaba de conciertos y fiestas por igual, más cuando algún artista se equivocaba, no dudaba en reprenderlo con un ladrido.

Una anécdota muy conocida señala que en la presentación del pianista polaco Ignace Paderewsky en el Cine Teatro Sep, el perro se sentó debajo del piano como acostumbraba a hacer. El show transcurrió con normalidad hasta que Fernando gruñó en la sonata de Beethoven. El pianista siguió como si nada hubiera ocurrido, pero promediando el final del concierto, el perro soltó otro gruñido. En ese momento, el artista se levantó y admitió que se había equivocado dos veces.

En la página http://www.chaco.com.ar/ relatan como era un día en la vida de Fernando. El perrito dormía en la entrada del Hotel Colón donde vivía Ortiz y al sentir el calorcito del amanecer partía hacia el Banco Nación a visitar al gerente. Se dice que este le dispensaba un trato digno de un rey dado que el can desayunaba café con medialunas.

Durante el día visitaba el Bar “La estrella”, la confitería “Sorocabana” y el “Madrileño” en los que comía hasta cansarse. Correteaba por las plazas y disfrutaba las siestas en lo del Dr. Reggiardo. Por las noches deambulaba por toda fiesta que hubiera en la ciudad. Se echaba siempre acurrucado cerca de los artistas y disfrutaba de la música. Cuando las melodías no eran de su agrado se retiraba solemnemente y la gente lo seguía. Era todo un referente en materia musical.


Un claro ejemplo del afecto que se le dispensaba es lo que ocurrió, de acuerdo al relato Ortiz, cuando lo hirieron en el Bar Japonés con un cuchillo y se le infectó la herida. Hubo que llevarlo con el Dr. Reggiardo. El doctor lo intervino y fue llevado al Club Progreso para su recuperación. Lo llamativo es que el club tuvo que poner dos teléfonos a disposición para atender todos los llamados de la gente que quería saber como estaba Fernando.

Murió el 28 de Mayo de 1963 y sus restos fueron enterrados en la vereda del museo conocido como Fogón de los arrieros. La ciudad se vio revolucionada. Según la página Web de Chaco, ese día algunos negocios cerraron sus puertas y la Banda Municipal interpretó marchas fúnebres.

Tiempo después se inauguraría la escultura de bronce que en su honor hizo Víctor Marchese frente a la Casa de Gobierno Provincial (en la esquina de la Avenida 25 de Mayo y la calle Bartolomé Mitre) en un acto del que hasta el propio gobernador de la Provincia formó parte.

Otra de las esculturas que lo homenajea se halla resguardando su lugar de descanso eterno en vereda del “Fogón de los arrieros” a la altura del 350 de la calle Brown. Un tierno epitafio describe sencillamente su paso por Resistencia: “A Fernando, un perrito blanco que, errando por las calles de la ciudad, despertó en infinidad de corazones un hermoso sentimiento”.

Finalmente, la última escultura está escondida bajo un manto de chibatos en la avenida Avalos, cerca del Club de Regatas, según nos cuenta Giardinelli.

Así es como Fernando pasó a formar parte de la historia de Resistencia, escribiendo en los corazones de los chaqueños una página de amistad que difícilmente olvidarán.


FUENTES:
http://www.mr.gov.ar/
http://www.chaco.com.ar/
www.wikipedia.org
Guía de Turismo de Chaco
www.diarionorte.com.ar

Marcha por Julio López



A dos años de la desaparición de Jorge Julio López, organismos de Derechos Humanos, partidos póliticos y congregaciones de estudiantes de colegios secundarios, marcharon por las calles de Córdoba para pedir su aparición con vida.




Recordemos que el albañil fue visto por última vez el 17 de septiembre de 2006, cuando acordó con su hijo Gustavo para encontrarse al día siguiente y asistir al juicio que por ese entonces se le llevaba al ex represor Miguel Etchecolatz. La declaración de López había sido decisiva para la condena a cadena perpetua del genocida.


Entre los asistentes se encontraba Liliana Olivero, quien pidió por la aparición de López, que a su criterio muestra que el aparato represivo sigue en pie.


Su desaparición generó estupor en el marco de los juicios a los represores del 76 e implicó un antes y un después en las causas, debido a que puso en evidencia que los testigos no tenían protección alguna frente a las personas que los secuestraron en los años más oscuros de la historia argentina y que tienen el poder de volverlo a hacer si quieren asustarlos para que permanezcan callados. No obstante, no estamos en dictadura y la sociedad no va a soportar que la silencien y la dejen reducida a su mínima expresión.



También, se recordó la Noche de los lápices en el acto que llevaron a cabo en las inmediaciones del Archivo de la Memoria. Los jóvenes pidieron por la educación, que hoy en día está muy deteriorada y señalaron que la brecha entre pobres y ricos se manifiesta en la diferencia que existe entre colegios públicos y privados, dado que estos últimos ofrecen más posibilidades de desarrollo del espíritu critico de las personas.